«Bailar me da fecilidad y dignidad»

  • El último reto de Marian, es el más dificil, pero también el que le ha devuelto la vida: su hijo Aritz.

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Marian Cano
marian cano con su hijo

Maria Antonia Cano, 45 años

Convive con la esclerosis múltiple desde hace más de dos décadas, si bien hasta hace poco no la miraba cara a cara. "Es dificil asumir que su estado físico va a ir empeorando y eso te va llevando a tener muy mal humor, pero una vez que cambias el chip y aceptas la enfermedad lo ves todo diferente. A mi me ha costado 25 años, pero ahora paso de todo, disfruto de la familia y vivo el momento"

Lo que comenzó con unos ligeros problemas de visión terminó con un diagnóstico que le cambió la vida: esclerosis múltiple. Sin embargo, esto no le ha frenado para superar reto tras otro (superar la carrera de enfermería, trabajar como enfermera, viajar...) hasta que la enfermedad le arrebató la movilidad de las piernas y mermó su visión. Sin embargo, su afición por el baile y su hijo Aritz, de 3 años, le han devuelto la sonrisa

A los 15 años, María Antonia Cano empezó a ver mal. “Fui al oculista y me dijo que era un ojo vago”. Sin embargo, mientras estudiaba Enfermería en la UPNA, un día comenzó a tener a andar mal: “Me decían que estuviera tranquila, que era un desarreglo alimenticio, que estaba muy delgada”. Y una resonancia reveló su verdadero diagnóstico: esclerosis múltiple.

“Al principio, la enfermedad avanzaba muy lentamente. Terminé mis estudios y trabajé como enfermera en el Hospital de Navarra y en San Juan de Dios”, explica Marian, cuya mayor “pena” fue dejar de trabajar.

Ahora ve “poco" y no puede andar, pero es feliz, “muy feliz”. Su hijo Aritz y el baile le han devuelto “la dignidad” que le robó la enfermedad. “Ha sido él que me ha dado la vida a mí. Todo lo que hago ahora tiene un sentido. Mejora mi esclerosis y sobre todo mi vida”, indica Marian, quien por la mañana acude al centro de día de la asociación ADEMNA para mejorar su calidad vida y a las tardes disfruta de su hijo. “Por las mañana, como mi marido trabaja, tengo una chica que se encarga del niño”, detalla.

Marian recuerda que fue al médico por un problema digestivo y éste le comunicó que estaba embarazada de seis meses. “Fue más bien un milagro hacía años que no tenía regla. Me puse a llorar, una mezcla de felicidad y terror, porque era cuando la movilidad de las piernas estaba empeorando”.

Y durante los tres meses restantes de gestación llevo la sorpresa por donde quiera que iba. “La gente me miraba como un bicho raro, no es normal ver a una mujer en la silla de ruedas con el tripón”.

Pero desde que aceptó la enfermedad, ha borrado del diccionario el “no puedo” y asegura que intentará que su hijo Aritz también lo borre en un futuro. “Hago cosas que antes no hubiera imaginado. Ahora nos atrevemos con todo”.

Como bailar en silla de ruedas, una pasión que vive dentro de su cabeza. “Cuando no estoy en clase de baile, me pongo la música en casa y bailo…incluso copio movimientos de Aritz para meterlos en las coreografías. El baile es, en una palabra, felicidad”.

"La persona con discapacidad es capaz de elegir sus propios retos y metas"

Una persona con discapacidad es perfectamente autónoma y capaz para poner en marcha sus propios retos con los apoyos necesarios, ya sean trabajar, estudiar, hacer deporte, tener una familia o lo que cada uno escoja. Marian es una ejemplo de ello. Sin embargo, no todas pueden hacerlo debido en parte a una falta de apoyo por parte por una falta de apoyo económico público y a una crisis que se ceba en los grupos más vulnerables

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